Los corredores lucÃan los atuendos mas extravagantes respondiendo al carácter festivo de la prueba. AsÃ, podÃa verse a un misterioso astronauta pugnando con una graciosa rana. O una vieja alcahueta dejando atrás a un adusto Unamuno. Pero quien acaparaba todas las miradas era Silvestre I que haciendo honor a su nombre, llegó el primero a la meta, sirviéndose de su báculo papal para apartar contrincantes de su camino. Al finalizar la carrera confesó que cuando sentÃa flaquear las fuerzas, echaba la vista atrás y descubrÃa a un legionario romano con cara de pocos amigos.