Un tiro me ensordece, huyo hacia adelante. Mis piernas golpean el suelo, noto que el cuerpo responde. La zapatilla se desata demasiado pronto y el calor me sofoca. El asfalto lastima mis pies, la respiración se acelera y a lengua se reseca. El sol empieza a quemar mi cara, recoloco la visera, la camiseta me roza. La velocidad decrece buscando el punto de llegada y comienzo a notar cierta confusión mental.
Oigo pasos detrás de mÃ; un rival se acerca, le miro, no suda, no jadea, me adelanta y piso su sombra mientras se aleja.
Comienzo a comportarme como un autómata, yo ya no controlo mis esfuerzos, solo me dejo caer hacia adelante y de repente… la cinta golpea mi pecho. Caigo al suelo y vomito.
Me felicitan: —¡Ganaste!
—¡Le he visto pasar! — grito con rabia.
Pero me dicen que por delante de mà no ha pasado nadie.