27 DE DICIEMBRE DE 2026

Se había preparado como nunca y estaba listo: un año había luchado contra las lesiones que lo habían perseguido desde la carrera anterior, en la que, por culpa de una caída, había llegado a la meta rengueando y llorando desconsoladamente.
Sabía que volvería, porque lo llevaba en la sangre: nunca había faltado desde los diez años y esta sería su trigésimo quinta carrera mezclándose entre los entusiastas corredores. Estaba seguro de que nada iba a poder impedírselo, por más que hubiera escuchado hasta el cansancio que ya no le daban ni el cuerpo ni las piernas para semejante distancia y que era una locura lo que quería hacer, después de lo que le había pasado.
Finalmente, el gran día llegó… Y sus hijos, que lo habían acompañado, se sintieron muy orgullosos cuando dejó las muletas junto a ellos y se perdió entre los corredores que esperaban la señal de partida.