Levanté los brazos y me puse a gritar. Mis piernas no podÃan más. Me sentÃa Michael Phelps. Acababa de ganar la San Silvestre Salamantina, mi espinita clavada. Nunca imaginé a tanta gente gritando. Pasando por el paseo de San Antonio miré a un lado y vi a mi familia llorando de felicidad, eché una mirada atrás y vi a un niño jugando en el patio de su casa simulando que ganaba la San Silvestre. Crucé la meta y desperté desconcertado, no sabÃa que acababa de pasar. Me levanté, decidido, me puse mis zapatillas y mi dorsal, me senté en mi escritorio y me puse a escribir este relato.