A sus setenta, Antonio Ramos Nieto corría por quincuagésima vez la San Silvestre Salmantina. Lo hacía desde que se inaugurara la carrera, en 1984, y era el único que había estado presente en todas las ediciones. No ganó ninguna, por cierto, pero le apasionaba correr; todos los años se calzaba los cortos, se lanzaba a circular por las calles de la ciudad y siempre lograba mejorar su marca anterior en algunos segundos. ¡Era increíble! El paso de los años, como a los buenos vinos y a las conservas de pescado, en lugar de perjudicarlo parecía beneficiarlo. Lo único deplorable era que desde la llegada de los extraterrestres la cosa se había desnaturalizado. Y para corroborarlo vio pasar como una exhalación a un zoombiano de seis extremidades que recorría los diez mil metros en menos de ocho minutos. ¡Así no se puede!, exclamó Antonio para sí mismo, pero siguió corriendo.

27 DE DICIEMBRE DE 2026