Con las gotas de sudor cayendo por la cara, y con los pies doloridos pisando las centenarias calles de la ciudad, llegaba a la meta de la carrera. Los músculos, agotados, se me agarrotaban impidiéndome avanzar, y el disfraz de vikingo hacÃa que el calor fuera insoportable. Los últimos metros se hacÃan eternos. «Podré llegar» me decÃa a mi mismo mentalmente.
Lo conseguÃ. Llegué a la meta. El último de todos los corredores, pero conseguà terminar.