Mi padre me llevaba con él porque su padre le habÃa llevado a él de niño. A mi nunca me habÃa llamado la atención el atletismo que parecÃa enganchar a todo aquel que se pusiese unas deportivas.
Ahora, esperando la señal de salida, me acordaba de aquel domingo en que, refunfuñando, habÃamos salido de casa. Entonces no me fijaba en los detalles, en su sonrisa, en su emoción.
Me duele haber sido tan insensible, pero al menos puedo rememorar aquellos momentos, y fijarme en los detalles. Y sé que no me lo tenÃa en cuenta, porque de pequeño tampoco él sabÃa apreciar esos matices en la expresión de mi abuelo.
Intentó inculcarme a mi esa ilusión que no supo devolverle a su padre, y yo, que ya no tengo al mÃo, lo único que puedo hacer es correr la San Silvestre. Por aquellos domingos que yo no entendÃa. Por él.