27 DE DICIEMBRE DE 2026

Mi padre me llevaba con él porque su padre le había llevado a él de niño. A mi nunca me había llamado la atención el atletismo que parecía enganchar a todo aquel que se pusiese unas deportivas.

Ahora, esperando la señal de salida, me acordaba de aquel domingo en que, refunfuñando, habíamos salido de casa. Entonces no me fijaba en los detalles, en su sonrisa, en su emoción.

Me duele haber sido tan insensible, pero al menos puedo rememorar aquellos momentos, y fijarme en los detalles. Y sé que no me lo tenía en cuenta, porque de pequeño tampoco él sabía apreciar esos matices en la expresión de mi abuelo.

Intentó inculcarme a mi esa ilusión que no supo devolverle a su padre, y yo, que ya no tengo al mío, lo único que puedo hacer es correr la San Silvestre. Por aquellos domingos que yo no entendía. Por él.