-Ante tu silencio, mozo, ¿acaso tus ojos enmudecen nuestras prédicas?
-Doncella corre escasa de ropa, sudada como yegua en celo y crucifijo de festón. Ora presta se apoya en peana y lÃa alpargata hincada de rodilla.
-Muchacha suelta de apoyo con Cristo al cuello, que trota a por laurel y trota en cueros, ¡sotana de por medio!
-TÃo, no veo cura…
-¡Ceguera la tuya! Aprende efebo: los trueques y los negocios siempre a puerta cerrada. No dejes a esta en huida y échale mano a un pie que asÃ, uncida, echaré la mÃa allá donde halle menester. Cédeme el honor.
-Vale.
-Manceba, por dos maravedÃes te doy queso, pringadas, vino y lo que venga. Palparte codicio ya que, aunque haya quimera entre medias, ahÃto igualmente este ciego resultare. ArrÃmate.
-No oye… No frisa… ¡Huye! ¡Voy tras ella!…
-¡Conato baladÃ, cándido Lázaro! Nuestra alma está enraizada en la ribera.