27 DE DICIEMBRE DE 2026

En tu piedra y en tu entraña, Salamanca, mis últimos pasos son los primeros. Cuando el tiempo va muriendo y el futuro es incierto, tú sigues fuerte y real. Me enraizo en tus calles, y cada pisada es una caricia de un niño a su madre. Recibo el dulce dolor de los tendones desgastados y las fibras inflamadas y me siento, por fin, a salvo.

En tu historia y en tu silencio, Salamanca, cada zancada me acerca a la muerte. Dejo marchar el pasado, me entrego al olvido. El mármol de tus cielos de esponja es un bálsamo para las heridas, y en la soledad del corredor me siento, por fin, en paz.

En tu sangre y en tu calor, Salamanca, la senda es de ceniza y de ella resurjo. Alzo el vuelo, los pies alados, el alma libre. La meta al alcance, y me siento, por fin, en casa.