27 DE DICIEMBRE DE 2026

Su abuela había sido una atleta muy reconocida, con escasos recursos económicos pero con mucho apoyo y acompañamiento familiar. Las medallas y trofeos aún estaban expuestos en una vitrina en el comedor de la antigua casona. La admiración de Felipe hacia su abuela Clara era gigante. Soñaba despierto con ser como ella, aunque ya no pudiera estar para acompañarlo, el coronavirus también lo había privado de su presencia. Lejos de desanimarse, el dolor redobló sus sueños, se preparó íntegramente, todos los días, superándose cada vez. La inscripción a la competencia estaba por finalizar, sólo faltaba un último suspiro para animarse. Esa mañana, al despertarse con el primer rayito de sol entrando por la ventana, pudo vislumbrar a través de la misma, que el gran cactus de su abuela había dado una flor hermosa, blanca, aterciopelada… no había dudas que ella lo estaba acompañando para dar el gran paso.