Hace unos meses lloraba la perdida de mi madre, lloré tanto que los ojos se me secaron y apenas podÃa dar un paso. Pero conseguà levantarme y hoy estoy en la carrera de San Silvestre. Mi madre todos los años participaba, excepto el último año de su vida. El cáncer se lo impidió. Yo le prometà que correrÃa al año siguiente por ella, aunque nunca fui muy deportista, pero estoy convencido de que los recuerdos que tengo de mi madre, cuando se enfundaba sus mallas y corrÃa feliz por las calles de Salamanca, serán los que me lleven en volandas hasta la meta, y cuando la crucé volveré a verla.