Cada dÃa mi padre salÃa a correr por el monte y cada noche, sentados al lado del fuego, me contaba diferentes historias. Una, trataba de una niña que adoraba correr y era una gran atleta, pero su carrera acabó el dÃa en el que tuvo un grave accidente. Al de unos segundos, mi madre apareció por la puerta con los ojos llorosos, en silla de ruedas…
Me fui corriendo a la cama, llorando. Me levanté con el canto del gallo, cogà a los perros y salà a correr por la montaña. Pasé riachuelos, piedras, barro, tierra… Me pasé toda la mañana corriendo por allÃ, jamás me habÃa sentido tan libre.
Desde entonces cada año voy a la carrera “San Silvestre Salmantinaâ€. Han pasado varios años ya, corriendo con mi padre. Esta vez correré sola, ya que el ya no está. Pero aun asà estará a mi lado.