27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cada día mi padre salía a correr por el monte y cada noche, sentados al lado del fuego, me contaba diferentes historias. Una, trataba de una niña que adoraba correr y era una gran atleta, pero su carrera acabó el día en el que tuvo un grave accidente. Al de unos segundos, mi madre apareció por la puerta con los ojos llorosos, en silla de ruedas…

Me fui corriendo a la cama, llorando. Me levanté con el canto del gallo, cogí a los perros y salí a correr por la montaña. Pasé riachuelos, piedras, barro, tierra… Me pasé toda la mañana corriendo por allí, jamás me había sentido tan libre.

Desde entonces cada año voy a la carrera “San Silvestre Salmantina”. Han pasado varios años ya, corriendo con mi padre. Esta vez correré sola, ya que el ya no está. Pero aun así estará a mi lado.