Corre el reflejo de torres y cimborrios, la piedra de sol atardecido discurre bajo los puentes. Corre sobre sus losas de agua el cantarÃn sonido de palabras viniendo de muy adentro de la Historia. Y tras la bazabrera de los siglos, nuevos empujes generosos delinean las calles por una causa, la San Silvestre. “Tengo mi nombre escrito en el pecho para decirte que cuentes conmigoâ€, dice Helman, encarnación de un antiguo dios en centenares de salmantinos que corren y multiplican el mensaje. Cuenta la leyenda nueva que ya no son armas ni cobres lo que trafican, sino un alarde: sitiar el miedo y corriendo vencer al enemigo invisible que asola la tierra celtÃbera. “Ninguna de las numerosas tribus que se impusieron a espada pudo sofocar mi almaâ€, sentencia Helman y, desde el teso donde arde viva la llama de Salamanca, baja un Tormes de corazones que corren por todos.