27 DE DICIEMBRE DE 2026

Corre el reflejo de torres y cimborrios, la piedra de sol atardecido discurre bajo los puentes. Corre sobre sus losas de agua el cantarín sonido de palabras viniendo de muy adentro de la Historia. Y tras la bazabrera de los siglos, nuevos empujes generosos delinean las calles por una causa, la San Silvestre. “Tengo mi nombre escrito en el pecho para decirte que cuentes conmigo”, dice Helman, encarnación de un antiguo dios en centenares de salmantinos que corren y multiplican el mensaje. Cuenta la leyenda nueva que ya no son armas ni cobres lo que trafican, sino un alarde: sitiar el miedo y corriendo vencer al enemigo invisible que asola la tierra celtíbera. “Ninguna de las numerosas tribus que se impusieron a espada pudo sofocar mi alma”, sentencia Helman y, desde el teso donde arde viva la llama de Salamanca, baja un Tormes de corazones que corren por todos.