Era la tercera vez que lo veía. Estaba en el Puente Romano y luego en plena calle Libreros.

¿Cómo es posible que ande un conejo suelto en plena Salamanca?

Siguió el curso de la carrera; quedarían unos quinientos metros. Se giró y el conejo seguía ahí quieto, la gente parecía no advertirlo. Entonces paró en seco, viró y empezó a correr para salvarlo.
Asustadizo, el conejo comenzó a brincar huyendo contra la marabunta imparable de atletas.

Carlos entró en pánico. «¿Qué hago corriendo a contracorriente por un conejo? ¿Es que nadie lo ve?». A punto de alcanzarlo, el conejo se detuvo, sonrió y sonó el disparo de salida.

27 DE DICIEMBRE DE 2026