Te he perdido en la curva de la CharrerÃa, apenas hemos dejado atrás Puente Romano. Somos demasiada gente moviéndonos hacia un mismo punto y nuestras ganas se atropellan bajo el mismo sol del mediodÃa, que nos protege las ideas del aire fresco que trae consigo el Tormes. Mientras evito a este y al otro, vuelvo la cabeza intentando distinguir tu dorsal que recuerdo llevaba unos y treses, y se me ocurre volver al año pasado, a la altura de San Isidro, donde te descubrà y me encontraste, y ese momento me lleva a otros que me estremecen pues en ellos estuve a punto de no inscribirme. Es ahora, esperándote y acusando la falta de costumbre que duele en los gemelos y se atasca en los pulmones, cuando por fin te veo, con un pie pisando la recta de meta de San Antonio, tu maravillosa sonrisa esperándome.