Un ligero temblor delataba su nerviosismo. Era su primera vez, y no estaba seguro de si sabrÃa hacerlo.
Se tumbó. Trató de relajar los músculos. Giró el cuello y estiró brazos y piernas.
Abrió los ojos y se vio rodeado de gente, riendo, jaleándolo. Aquello era nuevo para él. En su interior comenzó a crecer un sentimiento de fraternidad. Aún no sabÃa qué hacer, pero las señas eran claras: ¡Corre! ¡Corre!
Y corrió. Corrió como nunca, sin miedo, sin mirar atrás a cada instante. SonreÃa, y al acelerar sentÃa crecer su ilusión, su confianza, sus ganas de vivir.
Por fin se sentÃa parte de un grupo, apreciado y respetado. Disfrutó el momento.
Finalmente, se quitó las gafas de realidad virtual. Estaba decidido: lo primero que harÃa al salir de la cárcel serÃa inscribirse en aquella carrera popular.