Alterio siempre fue el bravucón de la clase, el rey del guateque y el empresario de éxito. Hoy, en la residencia, se autoconsidera el representante oficioso de todos los internos. Ayer intentó provocarme:
– ¿A qué no tienes bemoles para anotarte a la San Silvestre?
Lo que no esperaba fue mi contundente respuesta:
– Si tú participas yo estaré enseñándote mi dorsal durante todo el camino.
La carrera transcurrÃa con normalidad. Alterio marchando unos metros por delante. De repente tropezó, y fue a dar con sus huesos a una cuneta repleta de helechos. Al pasar a su lado pude observar que el daño era mÃnimo, asà que continué mi marcha. Él también se reincorporó a la carrera. Poco antes del final, fingà un vahÃdo y caà al asfalto. Alterio pasó sin inmutarse y llegó primero a la meta. ¡No están los tiempos para perder al único amigo que me queda!