Allà estaba en el Paseo de San Antonio dispuesto a correr la San Silvestre
Salmantina como homenaje a su padre, un gran aficionado a ese tipo de pruebas. Se
lo habÃa prometido unos dÃas antes de su muerte. Sonriente el progenitor le contestó
que no hiciera promesas de imposible cumplimiento.
Pero allà estaba tras adelgazar sesenta kilos para lo que se requiere un notable
sacrificio, o más bien una suma de sacrificios. Quemar un kilo es más difÃcil que
quemar amianto.
Su objetivo era participar pero… curiosamente no llegó el último, aunque tampoco
hubiera importado.
Al dÃa siguiente fue a depositar un ramo de flores ante la tumba de su padre. Y…
sintió que alguien le daba una palmadita en la espalda.