27 DE DICIEMBRE DE 2026

Allí estaba en el Paseo de San Antonio dispuesto a correr la San Silvestre
Salmantina como homenaje a su padre, un gran aficionado a ese tipo de pruebas. Se
lo había prometido unos días antes de su muerte. Sonriente el progenitor le contestó
que no hiciera promesas de imposible cumplimiento.
Pero allí estaba tras adelgazar sesenta kilos para lo que se requiere un notable
sacrificio, o más bien una suma de sacrificios. Quemar un kilo es más difícil que
quemar amianto.
Su objetivo era participar pero… curiosamente no llegó el último, aunque tampoco
hubiera importado.
Al día siguiente fue a depositar un ramo de flores ante la tumba de su padre. Y…
sintió que alguien le daba una palmadita en la espalda.