Cuando desperté en el hospital después del infarto, mi obsesión era salir de allÃ. No querÃa convertirme en un enfermo postrado en una cama. Lo primero que hice fue preguntar a los médicos que tenÃa que hacer para volver a mi vida normal, y en cuanto salà de la clÃnica me apliqué a ello con todas mis fuerzas.
Ha sido un año duro, de recuperación, de aprendizaje, en el que he recibido el cariño y apoyo de mi familia y de mis amigos. Y hoy por fin estoy aquÃ, calzándome mis viejas zapatillas de correr, ilusionado como un niño en el dÃa de Navidad, y cumpliendo la promesa que me hice el dÃa que me dio el infarto: correr una vez más la San Silvestre de Salamanca; esta será la XXXIII San Sil que corra, y si las fuerzas me acompañan, no será la última, compañeros.