–No puedo más –jadeó el número 60. Sus piernas ardÃan, le imploraban detenerse…, sin embargo él habÃa hecho una promesa, y no pensaba ignorarla.
Cuando estuvo mejor preparado, retomó su marcha y corrió como si para él no hubiera un mañana. Llegó con el sudor cubriendo su frente por completo y divisó a lo lejos una figura familiar.
–Papá –dijo, entre suspiros forzados–. Lo hice. Llegué al final. Ésta era tu meta, y se convirtió en la mÃa. Gracias –acto seguido, se desplomó en el suelo y la figura desapareció.