En la oficina escuché que sales a correr habitualmente y que participarías en la Sansil. Entonces se me ocurrió una idea. Yo también me inscribí, y simularía un encontronazo.
En la salida te estuve buscando como un loco. “No entiendo que tanta gente quiera agotarse trotando diez kilómetros”, pensé. Por fin te distinguí en el paseo de Canalejas, pero en la plaza de España te perdí de vista. Resoplaba ya sin resuello, así que me senté en un banco en la Alamedilla. Decidí esperar a que la serpiente multicolor de corredores llegara a Comuneros, casi acabado el recorrido, para intentar localizarte de nuevo entre ellos. Venían sudorosos y cansados, y con una sonrisa de oreja a oreja que no alcanzaba a comprender. Oí algunas palabras muchas veces: compañeros, disciplina, satisfacción, esfuerzo, superación…
Ayer me picó el gusanillo. En enero empiezo a entrenar y, en cuanto pueda, confío en correr contigo.