27 DE DICIEMBRE DE 2026

Desde pequeña siempre he sido una niña alegre, tranquila y sin miedo a nada. Hasta que un día el miedo llama a tu puerta y no tienes más remedio que abrirle. «Bienvenido» le dije, el me contó que debía pasar un tiempo en el hospital. Después de más de dos meses sin pisar el instituto me sentía perdida, a nivel académico y vital. La recuperación fue lenta, sedentaria y monótona, pero gracias a ella y a toda la televisión que vi en aquellos meses pensé que yo también podría correr como aquellos que salían en la tele, cruzando la meta con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja. Poco a poco fui entrenando. Y aquí estoy, en la salida de la San Silvestre Salmantina. Solo me propongo una cosa, llegar. Llegar a la meta, abrir los brazos y sonreír de oreja a oreja.