Desde pequeña siempre he sido una niña alegre, tranquila y sin miedo a nada. Hasta que un dÃa el miedo llama a tu puerta y no tienes más remedio que abrirle. «Bienvenido» le dije, el me contó que debÃa pasar un tiempo en el hospital. Después de más de dos meses sin pisar el instituto me sentÃa perdida, a nivel académico y vital. La recuperación fue lenta, sedentaria y monótona, pero gracias a ella y a toda la televisión que vi en aquellos meses pensé que yo también podrÃa correr como aquellos que salÃan en la tele, cruzando la meta con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja. Poco a poco fui entrenando. Y aquà estoy, en la salida de la San Silvestre Salmantina. Solo me propongo una cosa, llegar. Llegar a la meta, abrir los brazos y sonreÃr de oreja a oreja.