Samuel participa por honor.
Cada paso en la ruta San Silvestre es una prueba: piedras que impactan rodillas, rostros que animan a los lados, un reloj que alerta pulsaciones. Recuerda inhalar como sabio, exhalar como héroe, para que no haya cansancio sino transformación.
En su mente, es un Quijote moderno que imagina recompensas. Una cuesta se convierte en escenario donde cualquier compañero es un extra sin diálogo. Sus zapatos acolchados resisten. Respira y su reloj vibra. Podría acelerar, pero elige calcular como superar la luz dorada de la curva final.
Al terminar, el sudor baña su reflexión “Fue grandioso, corrí como el protagonista de los mejores 10 Km”. Una antigua novia se acerca al podio porque se encarga de entregar los premios. Después de mucho tiempo, volvió a ser un ganador.