Sigue corriendo, decÃa mi voz interior, no puedo más, parecÃan decir mis piernas. SeguÃa respirando entrecortadamente y lamentaba no haber cogido esa botella de agua en el paso por el avituallamiento. Como siempre, mi meta era alcanzar al que tenÃa delante y sin mirar atrás, mientras inhalaba y exhalaba con dificultad y acompasaba el braceo con el ritmo de carrera. Ahora ya era «cuesta abajo». Ya habÃa pasado el ecuador de la carrera y las fuerzas parecÃan abandonarme, pero justo en ese momento decidÃa cambiar, aposté todas las cartas a ganador, si no llegase a la meta ya no me sentirÃa un perdedor, porque la carrera, como la vida, es para los valientes y la meta es solo un punto y seguido.