Crujo.
Pero no me rasgo. El frÃo resultante de la persistencia de la niebla finidecembrina no ayuda a paliar un endurecimiento articular fruto de mis años.
No aspiro a ocupar posición alguna. Solo correr. Llegar. Sentir. Sentirme salmantino. Quizá solo sentirme vivo.
Los mÃos me han advertido que esta deberÃa ser la última edición. Advierten los quejidos de mi rodilla derecha y de mi cadera izquierda.
–No tienes edad de prótesis –apostillan.
Aunque les he contemporizado que sÃ, solo yo sé que quiero cantarme y contarme las cuarenta San Silvestres salmantinas.
Las he corrido todas. Sin una solo vacÃo en el contador. Las 38 anteriores y la inminente actual. Desde mis 25 hasta mis 64. Incluso con buenos registros en los años soleados de mis cuádriceps.
Suena el disparo y dejo de percibir cualquier molestia fisiológica. Muchos delante de mÃ. Otros tantos detrás.
Me falta una.
O quizá más.