Tengo que terminar. Solo queda 1 km. Me cuesta respirar. Que sufrimiento. Veo mejor a los que me adelantan y les envidio. Veo sufrir a los que dejo atrás, porque van más apurados que yo.
Estoy rodeado de sufrimiento. De repente veo a Emilio, no le conozco de nada. Forma parte de los que voy dando alcance para dejar atrás. Pero hay una diferencia, él va sonriendo. Y aunque todavía no he llegado a su altura, percibe que le estoy mirando con mi cara compungida por el esfuerzo.
Entonces, él me sonríe y me dice «Ánimo mujer, no pongas cara triste por estar tan cerca de terminar. Piensa que esta llegada es la meta para futuras carreras».
No puedo responder, no tengo fuerzas para agradecérselo y decirle que es cierto, que es una pena terminar carreras tan bonitas en las que se disfruta de gente como él.