-Vigila tus pies y estructura atlética, me decían los entrenadores de atletismo desde pequeño, ambos formaran parte de tus éxitos.-
Desde mis primeros cumpleaños también escuchaba esto en casa. Incluso ahora de mayor, mi físico y marcas llaman la atención.
Cuando huelo a meta, pongo el turbo en mi cabeza, dosifico mi fuerza, y esprinto.
Mi forma de pisar emboba al público sin proponérmelo; murmuran, ¡es especial! Gustan mis pasos largos; a mí me sirvieron. Persuadí, logro victorias, y eso levanta mi ánimo. “Correr, siempre me relaja, he comentado muchas veces que voy tan cómodo como en chanclas.”
La gente, concentrada en mis actuaciones, se imanta. Consigo ovaciones enloquecidas, dinero, y la atención de los aficionados; invariablemente buscan conocerme personalmente; será por conocer mis secretos y procedencia.
Un día un periodista habló algo sobre mi extraordinario ADN. Lo heredé de mis padres; un famoso bailarín, y una bellísima trapecista.