Escondido en los baños de la capilla Sixtina los gritos de júbilo de la plaza de San Pedro suenan a alarmas antiaéreas. El obispo de Sierra Leona rugió cual león ˂¡Grrr!˃ o sea ¿qué hacemos ahora? y el de Argentina dejó escapar un gritito impropio de su estatus ˂¡Uh!˃ como diciendo ¿qué pasó? y es que a las tres de la mañana y con la vejiga llena ¿quién no se equivoca de color al hacer una fumata? Que deshagan el empate a los chinos ¿no? Fue entonces cuando, ya evacuado, me calzé las zapatillas, me arremangé la toga y ya que siempre fue de mi gusto correr, lo hice como si no hubiera un mañana hasta que llegué a esta nuestra diócesis salmantina, que oye, no es el Vaticano pero uno no tiene ese tipo de problemas. Amén Jesús, mens sana in corpore sano y tal y cual.