No me percaté de su presencia hasta que observé como su cara imberbe me
dedicó una amplia sonrisa. Me sorprendió su elegancia en la línea de
salida: bien perfumado, pelo moreno engominado y con ropa deportiva de
las mejores marcas. En el lado izquierdo de su camiseta, resaltaban las
letras: C.N.I.
Lo llevé pegado a mí «como una lapa» durante toda la carrera y no paró
de hablar ni un solo momento. Menos mal, que al final de la prueba,
cuando mi cabeza estaba a punto de estallar, acudió la familia a rescatarme.
Antes de marchar me dijo: si algún día necesitas algo, no dudes en avisarme.
-Y… ¿Cuál es tu nombre?
-Desde muy pequeño, todo el mundo me llama: Nico.