No me saco la canción de VÃctor Manuel de la cabeza, maldito estribillo. Si me hubieses conocido en el instituto, no me habrÃas propuesto lo de la San Silvestre. El deporte y yo nos repelemos. Me dijiste que lo importante era participar, que si llegaba la última, no importaba. Acepté sin dudar, aunque por dentro me repetÃa que correr es de cobardes. Solo por complacerte.
Le pedà prestadas a mi hermana sus zapatillas (total, no pensaba usarlas más) y me reservaste un dorsal. De la cinta del pelo y de las mallas me encargué yo misma. Las uso por casa. Te juro que lo intenté, pero me tropiezo hasta con las rayas del parqué.
Anoche pensé que lo nuestro no merece la pena. No puedo olvidar tu cara de decepción ni el esprint que hiciste para dejarme atrás, mientras yo pensaba que correr era de cobardes.