27 DE DICIEMBRE DE 2026

Llevaba meses preparándome. Por la mañana caminaba rápido y, por la tarde, estiraba. Así durante cinco meses, sin descanso.
Aquella mañana el espejo me devolvió la sonrisa. Cogí el dorsal y salí de casa. Diciembre se me antojaba más frío de lo habitual pero los nervios caldeaban mi cuerpo y mis ánimos.
Llegué a la plaza Mayor y allí, frente al ayuntamiento, logré entrever cómo la calle Zamora me hacía un guiño. Ella también estaba de mi parte.
Me situé ante la salida y apoyé mi muleta derecha para no cargar peso mientras aguardaba el pistoletazo de salida.
Esperé y, mientras tanto, pude ver cómo algunas miradas, tristes la mayoría y compasivas las demás, se posaban en la pierna que me faltaba.
Hice una “V” con mis dedos, dando a entender que no se preocuparan.
3,2,1 y allá íbamos todos. Llegaría más tarde que el resto pero iba a conseguirlo.