Ciego el amo,certero el golpe. Lazarillo de mis dedos atando las zapatillas, mi cabeza golpeada contra la piedra solo quiere escuchar lo que esta le susurra. Es el cincel del cantero grabando el número del dorsal, marcando el ritmo al poso de la ciudad en el Tormes. Unamuno observa cómo el rÃo avanza para atravesar la meta del año que termina.
San Silvestre santo, que no mártir,corre a mi lado junto a gente moza, antojadiza y arrojada que otro Miguel, este de Cervantes, con su pluma alabó.
En la Rúa Antigua, Carmen baila entre visillos con la sonata de las jadeantes respiraciones y las pisadas desafinadas.
Y como decÃamos ayer —escucho corriendo junto a mà al Fray maestro—, aquà está la meta.
—¡Los sueños están para cumplirse! —grita Walt.
—Se ha equivocado de microrrelato —pienso. SonrÃo al ver llegar a Mickey y Minnie, los de Disney.