Llegó la fecha marcada en rojo en el calendario, llegó la San Silvestre Salmantina.
Me vestà con la ropa de deporte y me coloqué en la salida.
Llevaba meses entrenando con disciplina y estaba preparado para poder disfrutar.
Un sudor frÃo recorrió mi cuerpo al darme cuenta de que habÃa olvidado el dorsal.
Últimamente estaba bastante despistado y me costaba recordar algunas cosas, aunque a mis setenta años pensaba que era normal.
Puse esfuerzo e Ãmpetu para volver a casa, coger mi número y llegar a tiempo.
Salà junto a miles de corredores, notando el impulso del público. Con entrega pude finalizar la que serÃa mi última San Silvestre. Qué gran recuerdo llegar al Paseo De San Antonio entre aplausos y qué pena que el Alzheimer vaya a borrarlo todo. Por ello, antes de que suceda, dejo esto escrito sobre mi lucha y pasión por el atletismo.