No hay nada como esa mezcla de sudor, festividad y spray antidolores. Los nervios se convierten en ilusión en la salida de una nueva edición de la San Silvestre Salmantina.
Pero, como tenía previsto, mi compañero aparece antes del primer kilómetro. El perverso dolor de rodilla me saluda como en los últimos entrenamientos. ¿Abandonar? Nunca. Aunque sé que no conseguiré mi marca habitual, disfrutaré de la carrera y llegaré a la meta. Me deleito con el Paseo Canalejas, la Puerta de Zamora o el Puente Romano. Saborearé mi preciosa ciudad y, en cada zancada, recordaré eventos vividos en ella: los paseos de niño junto a mi abuelo, mis primeros besos furtivos o las travesuras junto a mis amigos.
Cuando regreso de mis pensamientos, estoy cerca de la Plaza de Cuatro Caminos. Se huele el final y me emociono por toda esta mezcla de sensaciones que he vuelto a revivir.