La llamada se produjo a la hora prevista. Activado el altavoz de un teléfono móvil, los dos matrimonios de edad madura escucharon cómo, al otro lado, un corredor de la San Silvestre Salmantina decÃa que ya estaba con su dorsal de fondo azul en el punto habilitado para quienes participan por primera vez. Sus palabras no cesaron durante todo el recorrido.
Diez kilómetros después, pese a completar la prueba con un tiempo discreto, el corredor lo celebró como una gran victoria. Con respiración aún agitada, expresó su agradecimiento a la familia de un joven estudioso, deportista, muerto en accidente de tráfico y cuyo corazón le permitÃa vivir, a él, que estuvo enganchado a drogas y malas compañÃas. Dijo que cada latido le recordaba su propósito de ser mejor, paso a paso, zancada a zancada. Sus padres y los del donante, hermanados para siempre, se abrazaron.