27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me suscitó una enorme ternura identificarlas, pese al tiempo transcurrido. Pensé en lo que habrían sufrido: el éxodo, las inclemencias, el paso furtivo de los años. Conservaban ese aire modesto y venerable de quien ha sido testigo de muchas cosas. La dependienta me miraba con curiosidad. Era muy joven, llevaba un aro de plata en los labios. Me dirigió una sonrisa deliciosa. No me atreví a decirle que, con las deportivas que acariciaba en ese momento, había corrido mi primera San Silvestre Salmantina, años después de llegar a España. Las mismas con las que había subido al cayuco y que me habían salvado la vida.
Antes de salir, mientras le devolvía la sonrisa, le dije que me gustaba su tienda de segunda mano y que le deseaba éxito y prosperidad.