HacÃa cinco años que no corrÃa la San Silvestre. Ya estaba resignado, dispuesto a tirar la toalla. Pero, tras incontables avatares, allà estaba otra vez, en la lÃnea de salida. Bueno, supongo que en la lÃnea estarÃan los africanos y los que tenÃan posibilidades, yo estaba al fondo, a salvo de codazos y empujones.
Para mà estar ya era un triunfo, me limité a recorrer a trote cochinero un par de kilómetros y continuar caminando. Me bastaba contemplar aquella gente que se agolpaba en las aceras, sentir el frÃo en la cara, respirar,…
Otro de los corredores, que avanzaba renqueando, me miró con el ceño fruncido:
-No sé a qué viene esa cara, -me dijo; parecÃa enfadado con el mundo-, si vas de los últimos. Yo he cometido la estupidez de estrenar zapatillas.
-Bueno, -le replique, con mi mejor sonrisa-, yo estreno pulmones.