27 DE DICIEMBRE DE 2026

Hacía cinco años que no corría la San Silvestre. Ya estaba resignado, dispuesto a tirar la toalla. Pero, tras incontables avatares, allí estaba otra vez, en la línea de salida. Bueno, supongo que en la línea estarían los africanos y los que tenían posibilidades, yo estaba al fondo, a salvo de codazos y empujones.
Para mí estar ya era un triunfo, me limité a recorrer a trote cochinero un par de kilómetros y continuar caminando. Me bastaba contemplar aquella gente que se agolpaba en las aceras, sentir el frío en la cara, respirar,…
Otro de los corredores, que avanzaba renqueando, me miró con el ceño fruncido:
-No sé a qué viene esa cara, -me dijo; parecía enfadado con el mundo-, si vas de los últimos. Yo he cometido la estupidez de estrenar zapatillas.
-Bueno, -le replique, con mi mejor sonrisa-, yo estreno pulmones.