27 DE DICIEMBRE DE 2026

Recuerdo el intenso frío y como abuelita me apretaba contra su cuerpo para calentarme mientras esperábamos. Estábamos cerca de la línea de llegada y aún conservo la imagen de mi padre resollando.

– Ahora, vida. – me dijo, mientras me soltaba.

Corrí hacia papá y busqué con mi pequeña mano su firme agarre. Él me esperaba con una enorme sonrisa y, extendiendo su mano cálida y cariñosa, me guió aquellos últimos metros hacia la meta.

La gente aplaudía entusiasmada y sé que anunciaron su nombre por megafonía. También recuerdo que tras nuestra entrada nadie más cruzó la meta. Acababa de acompañar en su llegada al último corredor. ¡Qué orgullosa estaba!

Parece mentira que todo esto venga a mi mente mientras me ato las zapatillas y pienso que hace tiempo que no está. Hoy correré con el dorsal de aquella su última carrera, antes de que la ELA frenase todas sus metas.