Él siempre habÃa corrido, le apasionaban esas carreras de fin de año. Pero la vida habÃa sido «demasiado dura» y «repleta de dolor», y se habÃa decidido a llevarla a término pronto.
Asà que su última San Silvestre. Ya dan la salida y echa a correr. Junto a él, un hombre rellenito. Le cuesta correr. No tardan mucho en empatizar. Nuestro protagonista se explaya en sus dolores y tristezas. Al terminar, su compañero le cuenta despreocupadamente algo de su vida: Orfandad, embargos, algunos hijos fallecidos, cáncer terminal… Su tranquilidad y alegrÃa asombran al oyente.
Pero el corredor más grueso anda renqueante. El atleta le pasa y continúa la carrera solo, meditando la conversación. Ya en la meta, le vuelve a ver y oye que se despide de él y le grita en la distancia: «Â¡Hasta la siguiente!», a lo que responde inmediatamente: «Â¡Igualmente!». Comenzaba su nueva vida en ese momento.