El último dÃa del año, la San Silvestre Salmantina aguarda. En la lÃnea de partida, mi corazón galopa al compás de la multitud. La carrera comienza con un estruendo. Los primeros kilómetros se pasan entre risas y ánimos, pero la fatiga llega al ecuador.
Lucho contra mis propios demonios, en compañÃa de desconocidos que se vuelven camaradas. La Cuesta de Moneo parece insuperable, pero la euforia de la multitud me impulsa.
A un kilómetro de la meta, el agotamiento acecha, pero recuerdo la resiliencia que esta carrera ha ido forjando en mÃ. Cruzo la meta con una sonrisa, rodeado de vÃtores.
No es solo una carrera, es un viaje emocional, una lucha contra uno mismo, una celebración. Cada año regreso para renacer y descubrir la fuerza que habita en mÃ.