27 DE DICIEMBRE DE 2026

Sin espacio para más preocupaciones, obedecía a la rutina diaria, buscaba el momento perfecto que nunca llegaría. Las obligaciones tenían el control de su cuerpo, sin escuchar las alertas que recibía. Solo atendía a un saludo tajante y seco ¡Pararás hija, algún día pararás! El saludo configurado del portero del edificio. Ese automatismo se paralizó el día que tuvo que obedecerlo. Paró, paró la carrera que nunca supo que había comenzado y menos, que con ella recibiría un premio, un nocivo regalo que lo acompañaría en sus venas durante un año. Lo asumo, dijo. Y…resiliente, se enfrentó a las adversidades, recuperó el control de su cuerpo, bloqueó lo material y configuró la fórmula para ser arquitecto de su destino. Comenzó a correr, sí, a su manera, libre, feliz, espontánea y celebrando el logro cada fin de año el día de San Silvestre.