Los tres amigos nos habíamos animado a participar en la San Silvestre Salmantina, después de que otro colega nos hubiera informado de su convocatoria.
Era una buena oportunidad de hacer deporte y de pasar un día entero juntos, recordando tiempos pasados.
Además asi nos obligaríamos a ponernos en forma, después de un verano lleno de excesos.
Con esa excusa podíamos viajar a la ciudad universitaria e imbuirnos de su espíritu universal.
Hacía tiempo que ninguno viajaba a la ciudad castellana, y aunque sabíamos que ninguno de nosotros se alzaría con el triunfo en ese evento deportivo, sin duda valdría la pena.