27 DE DICIEMBRE DE 2026

A veces las ilusiones duelen. Una derrota en el trabajo mutó en búsqueda de triunfo, de esos en los que tras correr algo más de una cuarentena de kilómetros te muestras orgulloso, recibes una medalla y sientes que el esfuerzo de un camino tortuoso valió la pena. A gran caída, gran victoria. Esta vez, sin embargo, el dolor fue físico. Dar la vuelta al calcetín puede parecer una tontería, pero los dedos comenzaron a enredarse y aquello se convirtió en un conjunto de polímeros de nylon deshilachados. Aquel aire fresco del otoño tan deseado para el trote ligero se clavó cual punzón en mi rodilla, «condromalante» pero amiga de Filípides en cinco ocasiones, la última en primavera. Aquella ilusión por volver a Valencia se convirtió en rabia y tristeza cuando la doctora dijo artrosis y descanso, trabajo bien y correr mal. Vaya tartazo para cumplir cincuenta. Estoy roto.