27 DE DICIEMBRE DE 2026

Casi nadie lo sabe, pero en realidad es una condena. Su pena consiste en recorrer las calles rápida y silenciosamente, vigilándonos a todos y dando sensación de normalidad. Si no fuera así: ¿cómo se entiende alguien corriendo, sin que nadie le persiga, por el Puente Romano a las siete de la mañana de un lunes de enero? Descartado el masoquismo, ¿qué razón puede existir para ese sufrimiento reflejado a menudo en sus caras, en su respiración jadeante y en su trote cansado? No hay otra explicación, están condenados, y a final de año deben justificar un número determinado de horas. Por eso cuando acaba diciembre es frecuente verlos llenar avenidas y paseos, todos corriendo, todos afanados en el último momento. Pero no creáis que es por gusto, no; algo malo habrán hecho