En sus auriculares suena „Running free“. Después de tantas juntos sería estúpido no hacerlo en Salamanca también. Está en una grande. Su primera grande. Calienta en los alrededores. Hace estiramientos de cabeza y espalda y estira sus piernecitas de acero. Buenas zapatillas y constancia de gallo manyanero. Eso es lo que le ha hecho fuerte. Sonríe cuando recuerda los comentarios de su gente, que le dice que tartamudea cuando lo entrevistan pa la tele. Sesenta y ocho no son tantos, y aquí ve a otros tantos como él. Pocas cámaras y muchos africanos. El anonimato solo se lo asalta la Joaquina, su mujer, que aún intenta que no haga salvajadas por mucho Lilon Meiden que sienta en los uidos. Ximet le da un beso, le acaricia el pelo y la tranquiliza. Solo es una carrera más, le dice. Y echa a correr…