Nunca antes después de un ligero olor a pólvora se ha visto tanta emoción; tanta alegria, inmensa adrenalina se respira en el aire, que junto a las millones de pulsaciones Salmanca huele a vida.
Son más de cinco mil personas bajo el cielo charro que como el río Tormes nacido en la sierra de Gredos, intentan contener su cauce. Y tras la peor pendiente llegar a su objetivo. El Duero llegará al mar desafiando su camino, pero nunca olvidando las gotas que forman su semblante, San Silvestre será para el que al final encuentre su sitio.