Siento el jadeo de los atletas traspasar mis muros, el crujir de sus corazones estremecer mis torres; y la sangre en sus arterias batir mi calzada. ¡Corredores! Qué orgullo sentir el hormigueo de vuestras pisadas en la alfombra de mi vanidad; y cómo será la fuerza que desprendéis, que al mismo Tormes se le ponen las gotas de punta cuando cabalgáis en mi manto. Despliego mi respeto, y me rindo al espÃritu de superación que transpira vuestra piel. Mis piedras centenarias os dan la bienvenida este dÃa del año, en el que soy más grande y eterna.