No me lo creo, ya estoy aquà otra vez. Paisaje y paisanaje me envuelven como aquella primera edición en la que no quise participar pensando que eso eran cosas dirigidas y organizadas siempre para los demás. Miro a mi alrededor y todo parece envuelto en una luz celestial, una inmensa sonrisa de sonrisas, un mismo estado de ánimo que a partes iguales reconforta y fortalece casi como anhelo del más allá de la meta. Cierro lo ojos y encuentro el camino que da sentido al enigma llenando de contenido el más sencillo concepto de afición, de voluntad, … de coraje. El cielo abierto salmantino abriga mi humilde arrogancia y me eleva sobre la certeza de mis propios temores. No pararé hasta llegar al final, no importa el resultado, sino la determinación por completar el recorrido. Un año más aquÃ, todos somos diferentes para que todo siga igual.