Mientras tiras de zancada rápida para los primeros kilómetros piensas en fray Luis de León y en el Puente Romano donde anduvo. Su humanidad no le permitirÃa correr, pero de su tonsura emanaron ideas que perduran a través de los siglos. De repente el glucógeno dice basta y algunas fibrillas musculares se contraen, pero no les prestas atención. En su lugar, imaginas que Lázaro de Tormes también correrÃa por estas callejuelas para despistar a los mangasverdes. El ritmo se enlentece y marcas 110 pulsaciones pero a ti te da por pensar en la fachada del Convento de S. Esteban, donde cuenta la leyenda que se enfrentaban el Padre Lobo y el Padre Cordero en las Diatribas Cuaresmales. Último kilómetro, esperas llegar sin acidez láctica en el músculo y la mente te recuerda el busto D. Miguel. En Salamanca solo hay un D. Miguel: rector, cabezón y autor de frases lapidarias.