La ciudad despertó, lentamente, con legañas en las ventanas. Sus habitantes tardaron un poco más en bajar de la cama y lo hicieron con la tÃpica crisis de cerebro matutina. Todo parecÃa correctamente cotidiano y habrÃa sido un dÃa más, sin pena ni gloria, de no ser por la San Silvestre Salmantina. Es la carrera popular en uno de estos años descargados, de una profunda melancolÃa.
Deje que pasara al horizonte, que vistiera su piel de espuma y agua y su falda de música y relente matinal que ascendió hasta el origen de los tiempos donde el sol acaricia con sus besos rubios el resto de la nieve de las montañas.
Con un galope de corceles grises, cruzó la vida de todos mis sueños, y nos dejó la fiebre en las pupilas, la lenta procesión de las imágenes, la sombra y el dolor clavados en el barro.